Mucho hablamos de la necesidad de consensos para construir políticas de Estado, pero nos cuesta conversar con el que piensa distinto. Dialogar entre colegas, intelectuales, políticos, gente interesada, debería ser normal. Sin embargo, a veces el mundo está hecho de monólogos, de personajes con sus libros, cada uno con su público.
Los expertos que nos dedicamos a estos temas, somos parte del problema, somos parte del estado en el cual se encuentra la educación en mi país Argentina, y acaso en la región. Tenemos que cultivar más la humildad, porque los grandes desafíos pendientes de los sistemas educativos, exigen inteligencia colectiva para construir una educación para la paz.
En Argentina, y en el continente americano, hay mucho talento para salir de la situación en la que estamos, pero para salir no solo hace falta saber, sino también cultivar cualidades humanas, que a veces, no están presentes en nuestras discusiones.
Una experiencia en Argentina, es la llevada adelante por la organización “Argentinos por la Educación”, que invitó a diversos especialistas en el tema a algo inédito: elaborar un “Acuerdo por la Educación” sobre prioridades para la agenda educativa argentina. Es así que se armaron varias mesas plurales en donde se debatió ideas con quienes vienen de tradiciones políticas, experiencias y territorios distintos. Fue una oportunidad en donde se dio un diálogo inteligente, en la construcción de una agenda incómoda. Se hizo con respeto, escuchando al otro, incluso con admiración por aquellos que piensan distinto pero que han estudiado y trabajado con la misma pasión e intensidad.
El resultado fue un documento de producción colectiva que define un diagnóstico, prioridades y propuestas de política educativa para los argentinos (que bien podría servir de guía para otros países de la región). Se trata de un documento abierto, una hoja de ruta que permite pensar con otros, trabajar juntos y lograr mejoras en la educación.
En este ejercicio plural se pudo demostrar que, si existen esos valores universales como la humildad, la escucha, la tolerancia, entre otros, sí es posible ponerse de acuerdo en ciertas cuestiones centrales, y aún concretas, incluso a partir de principios filosóficos, valorativos, e ideológicos distintos. En un contexto global de fragmentación y polarización, procesos como este parece una especie de milagro.
Este “milagro del diálogo sincero”, demostró ser la oportunidad de discutir entre quienes piensan diferente, pero que tienen el anhelo de ser parte de una nación más justa y pacífica, y vivir armónicamente en comunidad. La educación, la cultura y la ciencia son fundamentales para el futuro de cualquier nación que quiera vivir y educar para la paz.
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